miércoles, 6 de agosto de 2008

Can't wait!

Pasamos la primera mitad del 2008, y el panorama en las salas de cine no fue de lo mejor, pero tampoco hubo resultados desalentadores. El cine chileno deberá seguir esperando hasta el estreno de Tony Manero durante la segunda quincena de agosto para tener a su mejor película chilena del año, eso si Andrés Wood con su Buena Vida no dice lo contrario. El gran problema de las distribuidoras de películas locales es que han olvidado de traer títulos importantes y de calidad superior a nuestra cartelera, y privilegian muchas cintas que no tienen ningún gusto y otras que, de frentón, son productos deficientes. Ahí quedan títulos potentes como “Across the Universe”, “Control” e “Into the Wild”, que llegaron directo al DVD. Otros cuya inclusión en el mercado nacional es improbable, como el musical irlandés “Once”, desde ya una de mis favoritas del año. Y existen otras que esperan impaciente su ingreso a las salas nacionales, como lo es la mejor de todas a mi opinión, “The Diving Bell and the Butterfly” del pintor y cineasta Julian Schnabel, el arrebato occidental de Wong Kar Kwai (“2046”, “Con ánimo de amar”) con Norah Jones y Jude Law a la cabeza en “My Blueberry Nights”, o la última estrenada de Woody Allen, “Cassandra Dream”.

Bien por “Petróleo Sangriento”, “Viaje a Darjeeling”, “Iron Man” , “La Conspiración” y “Promesas del Este”, notables fueron “Persépolis” y “Después del Casamiento”, inolvidables y seguramente las dos mejores películas estrenadas durante este año, hablo de “Expiación” y de “Batman, The Dark Knight”. Así de categórico. Pero no vine a hablar de lo que pasó, sino que lo que vendrá. De todas esas películas que se esperan con ansias durante los próximos meses. Algunas, y la mayoría, por criterios meramente emocionales, otras que se mezclan con lo más artístico e intelectual. Pero no me aguanto, quiero verlas ya. Así como inmediatamente quiero ver la segunda temporada de Mad Men, la serie que transmiten en HBO y que vi enterita en DVD y me encantó. Aquí va mi lista. La fecha de estreno acá en Chile, ya sabemos, es improbable y nunca segura. De todas maneras, preste atención.

Brideshead Revisited

Se estrenó hace un par de semanas en los EE.UU. Es la adaptación a la novela homónima del inglés Evelyn Waugh. Y es que todas estas películas de época con tufillo a los hermanos Ivory me vuelan la cabeza. Emma Thompson y Michael Gambon están a la cabeza de este elenco, cuya historia ya fue adaptada hace algunos años como telefilme para la BBC. Les dejo el trailer para que se encanten.



The Edge of Love

La primera con Keira Knightley en toda esta lista. Es que después de “Orgullo y Prejuicio” y de “Expiación” no se le puede negar nada. Ni su línea de parlamento copiada al callo del tráiler de “Expiación” y que aparece acá. Me refiero al “come back, I love you”. Película ambientada en la mitad del siglo pasado. La acompaña Sienna Miller, y acá son dos amigas que comparten el amor por el poeta Dylan Thomas. Para muestra, un botón de trailer.



Mamma Mia!

Colin Firth, el Mr.Darcy de Bridget Jones es razón suficiente para acercarse a este musical que compendia los grandes hits del grupo sueco ABBA. Esto se estrenará acá en septiembre u octubre de este año. La hija de Meryl Streep se casa y tiene que llevarla su padre al altar. El problema es que su padre pueden ser tres tipos distintos que ella no conoce. Firth es uno de los padres, los otros son Pierce Brosnan y Stellan Skarsgard. Tontita la Streep. Así que vayamos preparando las cuerdas vocales, porque se nos podrá permitir tararear al menos “Take a chance on me”, “Fernando”, “Dancing queen”, “Voulez Vous” y tantas otras. Una gran fiesta kitsch.



Australia

Australia está de guerra con oriente. Estamos a principios del siglo pasado. Se trata de una historia de amor épica, protagonizada por dos de los ejemplos más bellos de la cinematografía actual, me refiero a Nicole Kidman y Hugh Jackman. Los dirige nada menos que Baz Luhrmann (“Romeo + Julieta”, “Moulin Rouge!”). Esto será en grande, apoteósico y huele a Oscar. Se estrena a fines de año.



The Reader

Nicole Kidman se embarazó y no pudo ser Frau Anna Schmidt, la alemana analfabeta que le pide a un adolescente Michael que le lea novelas. Schmidt es reclutada por los nazis y es sentenciada por un incendio donde murieron centenares de mujeres judías. “El lector”, escrita por Bernhard Schlink, es una de esas novelas que te cortan el aliento. El rol que haría Kidman quedó en manos de Kate Winslet y Michael será mi admirado Ralph Fiennes. La dirección no pudo caer en mejores manos: Stephen Daldry, el mismo inglés que hizo maravillas en “Las Horas” y en “Billy Elliot”. Sin verla, ya quiero que se lleve todos los premios. Como deben estar suponiendo, se estrena a fines de año.

Elegy

Acá el gusto se nos va a la cabeza. Pura intelectualidad. Los aventajados Dennis Hopper y Ben Kingsley protagonizan este filme, basado en la novela homónima del valorado Phillip Roth. Los acompaña la gran Patricia Clarkson, el talentoso y apuesto Peter Sarsgaard y Penélope Cruz. Evitaré detenerme en su mala dicción del inglés, para no perjudicar mi juicio a la película.


Vicky Cristina Barcelona

“Es deliciosa a rabiar”, me dijo mi colega crítico de cine del suplemento donde escribo. Tuvo la suerte de ver “V.C.B.”, como inusualmente lleva por nombre la última película de Woody Allen, en el Festival de Cine de Cannes. Y se viene mucha piel, sensualidad, calor, besos entre chicas, Javier Bardem (¡ya me dio calor!) y Scarlett Johansson. También aparece mi amiga Penélope, que esperemos diga sus líneas en español.


The Curious Case of Benjamin Button

¿Que le parecería ver a un bebé que físicamente es un anciano, y que a medida que pasan los años en vez de envejecer va rejuveneciendo? Brad Pitt termina convertido en un bebé de edad longeva. Se trata del caso real aparecido en un medio escrito, llevado a la pantalla por el gran David Fincher (“Zodiac”, “Se7en”) y coprotagonizan las ganadoras de la estatuilla dorada, Cate Blanchett y Tilda Swinton. Se estrena en los EE.UU a fines de año. El trailer es notable.


The Duchess

Amo las películas de época, y acá de nuevo me encuentro con Keira Knightley, ahora en este filme ambientado en el siglo XVIII, donde personifica a Georgiana Cavendish, duquesa de Devonshire, famosa figura pública por sus escándalos y sus polémicas ideas políticas. El reparto “de luxe” incluye nuevamente a mi bien estimado Ralph Fiennes, a la seca de Charlotte Rampling y al guapo, estiloso y muy de moda Dominic Cooper.


Harry Potter and the Half-Blood Prince

Un lector de la saga Harry Potter, espera con ansias el nuevo filme sobre el niño mago. Es la única razón para que esta película se encuentre en la lista. Además, concordemos, que las últimas entregas han estado harto interesantes. Y ninguna película se puede jactar de haber tenido un elenco tan contundente de actores ingleses de primer nivel en una saga cinematográfica. El tráiler está harto terrorífico.


The Soloist

Catherine Keener, Jamie Foxx, y el insuperable Robert Downey J.R. Agreguen a Joe Wright, director de “Expiación” y “Orgullo y Prejuicio”. La historia es la de un músico callejero esquizofrénico (Foxx) y su relación con un reportero (Downey) con quién crea un fuerte vínculo cuando al periodista se le ocurre contar su historia.

Revolutionary Road

El novelista Richard Yates hizo un implacable y mordaz retrato de la clase media norteamericana de los suburbios en plenos años 50. La novela lleva por título Vía Revolucionaria y Sam Mendes (“Belleza Americana”) se encarga de llevarla a la pantalla. Y recluta para tales efectos a una pareja ícono, dando vida al matrimonio Wheeler. Se trata de Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, a más de diez años de protagonizar ese portento sobrevalorado que fue “Titanic”. Se estrena a fines de año, y ya escucho la fanfarria de las nominaciones a premios.

The Road

Viggo Mortensen, Charlize Theron, Robert Duvall y Guy Pearce protagonizan la esperada adaptación de la premiada novela “La Carretera” del célebre Cormac McCarthy. Ganadora del Pulitzer en el 2007, viene a ser la sucesora de otra adaptación de una novela de McCarthy, la para mi gusto sobrevaloradísima “Sin lugar para los débiles” de los Hermanos Coen y ganadora al Oscar a Mejor Película el 2008. “La Carretera” es un relato desesperanzador ubicado, suponemos, después de una catástrofe nuclear que no ha dejado mono en pie. Hay un padre y un hijo pequeño, el lugar es inhóspito, frío, oscuro. Nadie dudaría el buen material que se tiene entre manos el desconocido director John Hillcoat.

martes, 29 de julio de 2008

Non plus Carla Bruni

“Carla, instruida, educada, formada y de izquierdas; Carla capaz de nadar en el glamour o en la progresía con el mismo estilo; Carla, blanca como el mármol, sigilosa y con ojos azules de gato siamés, de pómulos angulosos y porte cortés. Carla, que pasó de primera dama de la moda a primera dama de la canción para estrenarse como primera dama de un país, nos recibe en su casa de soltera. Un cuerpo de metro setenta y seis centímetros de altura y unas medidas impares que representaron a Dior, Givenchy, Versace, Chanel o Prada: 86-61-89.”


Así comienza el artículo publicado este último fin de semana en la revista “Magazine” del diario La Vanguardia de Barcelona. Por si no lo notó, hablan de Carla Bruni-Sarkozy, la primera dama de Francia y estrella de la canción pop. La única razón del encabezado es porque me gusta la manera como está escrito, eso de ir detallando características del personaje indicando su nombre al comienzo me pareció un estilo curioso. Pero eso no es más que un encanto narrativo que puede que a muchos no les importe nada, y es completamente comprensible.

En el Sunday Times también se escribió sobre la ex supermodelo, y el artículo fue traducido y publicado en la revista “Ya” del martes pasado. El mismo fin de semana que aparece la entrevista de “Magazine” en La Vanguardia, aparece en portada y en una gran entrevista otra vez la ítalofrancesa, esta vez con el título de “Visitando a madame Sarkozy” en el suplemento “El País Semanal” del diario El País de España. Como si no fuese suficiente, en la edición de septiembre de la gran Vanity Fair, aparece la primera dama emulando a Jackie O. y fotografiada por la siempre notable Annie Leibovitz, y supongo que será un gran reportaje con grandes fotos, todo para una gran edición especial dedicada al estilo, que año a año realiza la publicación dirigida por Graydon Carter.

Y es que es mucho Carla Bruni. Como personaje me agotó en el momento que decide casarse con Nicolás y convertirse en primera dama. Esta mujer sí que sabe como escalar en el poder. También dejé de tomarle atención musicalmente a partir de ese momento, porque pecando de iconoclasta, me cargó que por su cargo público se volviera popular y sus canciones las escuchara en cualquier radioemisora chilena de corte más femenino y sus discos se convirtieran en los primeros en la lista de Feria del Disco. Lo mismo va a pasar en unas semanas más cuando llegue a Chile el iPhone G3 y cualquiera lo tenga como fetiche. Me molesta cuando ese tipo de cosas se vulgarizan.
Amé “Quelqu’un m’a dit”, su disco debut. “No Promises”, su salto marketero hacia el mercado anglo con letras en inglés sacadas de poemas de Keats y Auden, me pareció una soberana lata. Con “Comme si de rien n’était” vuelve al francés, la cosa mejora, pero ya la perdimos. Se enamoró del candidato a la presidencia por el cual no votó, y de paso evidenció al mundo que tiene una ambición sin parangón. Sigue siendo la bella Carla, la misma con voz aterciopelada y cadenciosa, y con esas canciones sincopadas ideales para escuchar en invierno con una buena taza de café caliente, ojalá estando acompañado. Pero su exhibición me repele, y la exhibición que le da el periodismo me da arcadas.

Porque esta es una nueva oportunidad para criticar sobre las pautas de los medios periodísticos. Y ahora más, cuando el tema trasciende nuestras fronteras. Que dos medios españoles el mismo fin de semana tengan a la cantante, preguntándole las mismas cosas, dando la misma descripción de su casa en París, y ella respondiendo a cada pregunta con una ridícula profundidad casi rayando la siutiquería (En “El País" le preguntan ¿Cómo es su proceso de creación? Y responde... “Cuando escribo una canción, lo hago desde la confusión que rige un momento de mi existencia; navego en ese desconcierto hasta que necesito precisar algo y entonces escribo la canción. Cada canción pone palabras a una confusión; después me siento aliviada”). Yaaaa??? O en “La Vanguardia” cuando le preguntan “Se define como cambiante y contradictoria”, ella responde “Es una válvula de escape, formas de evadirte de esa muerte que nos iguala”.

Está bien que todo este auge mediático responda al lanzamiento de su tercer disco solista y el primero como primera dama de Francia y que por eso los micrófonos estén más dispuestos a escucharla, pero este nivel de pobreza de agenda no pasa desapercibido ante los lectores, porque para más son temas de portada. Si luego recibimos quejas por la predecible y repetida oferta que entregamos a la calle, no tenemos pito qué tocar.

lunes, 23 de junio de 2008

Get Carried Away

Carrie y las chicas están de vuelta. Para mi felicidad, Mr. John Preston, alias Big también. Una buena amiga me confidenciaba que había tres cosas que esperaba con ansias durante este año: la llegada del iPhone, el concierto de Madonna y el estreno de Sex and the City. Mucho se podrá hablar de esta serie creada el año 98 por la cadena de televisión HBO: que es un reguero de clichés, prototipos, caricaturas y situaciones inverosímiles; también que es un manifiesto feminista con un centímetro de profundidad. Pero ya, que va, es una serie. Un mero producto de entretención que sí, estamos claros, construye un modelo de ser mujer y de la nueva femeneidad, pero también estamos de acuerdo que en varios aspectos agradecemos que lo haya logrado (no sé porqué pero las chilenas post S.A.T.C. harto mejor que se visten, no creen?). Pero qué hago yo escribiendo este panegírico en torno a las conocidas chicas que en la ficción pululan en la Gran Manzana (y ahora en la gran pantalla): primero, ya sabrán de mi sensibilidad especial con el mundo femenino y con mi gusto por el buen vivir, el estilo, las series de televisión, la cultura pop, etcétera. Segundo: tuve, OBLIGADAMENTE que asistir a la función privada para la prensa que la distribuidora Warner organizó el viernes pasado en el Cinemark Alto Las Condes. 13 días antes de su estreno comercial. Y hubo varias que me envidiaron por eso. Para ustedes, queridas amigas, va este sentido post.

147 minutos de “Sex and the City” después de 4 años de su término por televisión. Se hizo larga la espera, como igual de larga se hace la película. Sí, porque éste es el principal y más grande pecado de esta adaptación cinematográfica. Si por esas casualidades tuviera que criticarla para el suplemento donde escribo, sacrificaría las 4 estrellas sólo por culpas al editor del filme, que debería haber tenido la sensatez de sacarle fácil 30 minutos a la historia. Me detengo acá. (Antes de seguir quisiera explicarles que el “spoiler” es un término que anuncia un adelanto de la trama, que si no quieren leer ruego se los salten, vale?) Y porqué todo se hace tan largo: SPOILER porque el vía crucis de Carrie luego de su arruinado matrimonio con Big se hace eterno innecesariamente FIN DEL SPOILER.

Todo el alargue innecesario se usa para presentar a Jennifer Hudson (“Dreamgirls”), la nueva asistenta de Carrie Bradshaw que claro, aporta frescura y una nueva historia, pero no es suficiente para justificar lo injustificable. Independiente de los minutos de más, debo sentenciar algo que sé que quieren saber: La película no defrauda en nada. Es un artefacto hecho para el disfrute de las fanáticas más acérrimas como también a quienes nunca vieron ni un solo capítulo. Muchas de mis colegas se echaron hasta su lagrimón y lo confesaban abiertamente. En otras palabras, lágrimas y risas mediante (que hay muchas), “Sex and the City: la película” es una gran celebración. De la moda, del buen vivir, del amor, de la vida después de los cuarenta, de ser mujer, etc. Y todo aquello, por más gringa que sea en muchas ocasiones, la hace añorable y se vuelve un placer nada de culpable.
Les pido que cuenten cuántas veces aparece Carrie con una vestimenta nueva en los primeros diez minutos de metraje. Ese éxtasis, queridas amigas, se extenderá por las siguientes más de dos horas. Sigo enunciando pequeñas sorpresillas: ¿Cuántas de ustedes quisieran que la editora de Vogue les propusiera salir de novia en las páginas de la revista con vestidos de Dior, Lanvin, Prada, Christian Lacroix, Oscar de la Renta, Carolina Herrera y Vivienne Westwood?? Vuestra amiga Carrie lo logra, en una sesión de fotos que es uno de los momentos hilarantes de la película. Momentos entrañables como cuando Carrie se mete a la cama con un libro prestado de la biblioteca y Big lee las páginas económicas del que supongo es el New York Times. Big está con el pijama abierto (Imaginen como sufrí por inhibirme de hacer cualquier tipo de exclamación ante mis colegas) y Carrie le quita los lentes que lleva puestos para leer, y muy sexy se los pone ella.
Hay que reconocer la buena mano en la fotografía, el exceso de estilo en el vestuario, en la elección de locaciones, y en la impecable interpretación de la Hudson y de Chris Noth (Mr.Big) que hacen que todo fluya de forma casi idílica.

Queda poco para lo que tanto esperan. Insisto, no las defraudará. A mi me tinca verla de nuevo solo por el hecho de acompañar a alguna de mis amigas. Pero me pesaron los 147 minutos. El resto está muy bien, se reirán a destajos y verán una buena comedia romántica. Quizás la con más estilo después de “El Diablo se viste a la Moda”.
*las fotos son de Annie Leibovitz para la edición de junio de Vogue.

martes, 29 de abril de 2008

the sugar is raw

El diabólico, hilarante e inevitable beat inicial de “4 minutes” hacía presagiar todo. Su majestad (Her madgesty, como le dicen en gringolandia en un juego de palabras con su nickname “Madge”) está de regreso. A un par de meses de cumplir los 50 años, esta mujer que se ha paseado por todos los estilos musicales y de imagen que ha logrado imponer (y porqué no, que le han impuesto), vuelve con un disco tan fresco, pero que a la vez parece haber sido escuchado tantas veces. Y vuelve a impactar y porqué no decirlo, a recuperarnos la fe. Y aunque el personaje mismo dejó de ser solo un mero referente para la industria discográfica (aparte de incursionar en el cine, está en cuánta campaña “solidaria-mundial” exista y es rostro principal de todas ellas) lo que acá nos convoca es su nuevo experimento musical, que fue lanzado hoy, 29 de abril, a nivel mundial. Hay un claro antes y después en su carrera como cantante: El disco “Ray of Light” (1998) con su reconvención al Kabbalah y su maternidad, la hizo virar hacia una electrónica etérea y compleja para el gran público. Personalmente, es el mejor disco de su carrera. William Orbit fue el productor. Luego vino “Music” y la paleta de colores se amplió. Mucho trip hop y beats electrónicos más sofisticados de la mano del productor Mirwais. Entregó un sonido más amable para los oídos del mundo (digo esto, pero no olvidar que Madonna siempre será Madonna, así como el pop siempre será pop. Se entiende?) y un par de hits inolvidables: "Music" y "Don’t tell me". Lo primero que escuchamos del incomprendido “American Life” fue “Die Another Day”, el tema compuesto para la película homónima del agente secreto James Bond. Luego vino un grito antibélico con la polémica de rigor por el video del single "American life" (un desfile de modas que terminaba con tanques y bombas). Y es que Maddie tenía que ponerse a tono con el discurso oficial que repudiaba el ataque a Irak por el señor presidente de los EE.UU. “American Life” fue un fracaso de crítica y en ventas. La faceta aguerrida de la chica material no gustó a todos. Poco duraría el desencanto, porque Madonna se saca las ropas color verde militar y las cambia por lycras y corsés, peinados a lo Farrah Fawcett y la onda disco tiene su revival. Porque la consigna acá parece ser que la fiesta es eterna. “Confessions on a Dancefloor” fue vendido como un disco hecho para la pista de baile. Y lo era, pero para una pista de baile de discotheque gay, con ese trance electrónico inacabable y que solo a ratos resultaba pegajoso. Es un buen disco, que la devuelve a su faceta más pop. A la Madonna de siempre, la reina de la fiesta. Pero vendría más y mejor.



Como ya lo he comentado con varios, Hard Candy suena más a “melt” (fundido, derretido…entiéndase como “pegajoso”) que a hard. “4 minutes”, ese notable dúo con el igualmente notable Justin Timberlake es solo el comienzo. Porque el verdadero disco bailable y pop está acá y no en “Confessions…”. Acompañada de Pharell, Kanye West, Timbaland y el propio Justin, Madonna se aleja de la electrónica elaborada, de la religión que predicaba en “Ray of Light” y se lanza un trabajo con la simpleza de la Madonna de los ochenta, pero con la modernidad de los tiempos que corren. “Candy Shop”, el primer corte presenta parecidos al pop negro de Janet Jackson. “Give it 2 me” es un corte imparable, quizás uno de los mejores tracks del disco. La fiesta está desatada. “Heartbeat”, “Beat Goes on” y “Dance 2night” son dignos ejemplos de la factoría "timba-lake" (Timbaland-Timberlake) pero siempre con el fraseo sencillo y toque dance. “She’s not me” e “Incredible” son tracks que sorprenden por su experimentación. Si se escuchan con detención (y tampoco vale tanta) notarán que en ellos hay dos y hasta tres canciones distintas en una sola composición. Es un riesgo, que viene bien, al que nos acostumbramos y terminamos aplaudiendo. “Miles Away” es menos dance, pero es la prueba fehaciente de que en este disco Madonna vuelve a la sencillez de los singles del comienzo de su carrera. Por esto, no suena antojadizo decir que “Miles Away” solo a la primera oída se convierte en un clásico instantáneo. Por último, y nunca exenta de influencias, “Devil wouldn’t recognize you” es un track que suena tan a “What goes around…comes around” de Justin, que parece difícil no imaginar la importancia que tuvo el músico en la arquitectura de Hard Candy.
La reina ha vuelto. Ya es un hecho, y lo demuestra con este disco. El mejor en mucho tiempo. Más limpio, más urbano, más simple y directo en lo que quiere lograr. Un disco para tener y atesorar como el ejemplo del mejor pop. Ese que se baila y no cansa. El caramelo más pegajoso que puede llegar a tus manos.

sábado, 5 de abril de 2008

We only got 4 Minutes to save the world

HARD CANDY. NEW ALBUM. 28/04/08.


jueves, 14 de febrero de 2008

La expiación del cine


Nunca quedamos contentos con la adaptación de uno de nuestros libros preferidos llevado a la pantalla de cine. Siempre sale ganando el texto escrito. Pareciera que la palabra evoca sensibilidades que la imagen no logra captar. Si es por eso, festejemos la larga vida que le queda a la literatura, aún cuando muchos pronostican su extinción. Mi gran amor es el cine, pero confieso que tengo un amante: la literatura. Ahí cuando el celuloide decepciona, las páginas de una novela acarician mejor, me excitan y me llevan a un nivel de placer superior, de una manera como el cine no lo venía haciendo. Un libro es un refugio, que conmueve y apasiona. Cuesta encontrar esa novela que provoque tanto que mientras la lees, exclames a favor o en contra de los actos en los que se ven envueltos los protagonistas. Cuando leí “Expiación” de Ian McEwan me sucedió eso. Es una novela ambientada a mediados de los años 30, escrita en los años ochenta, por un autor que supuestamente inauguraba junto con otros de sus contemporáneos (Martin Amis, Julian Barnes, Kazuo Ishiguro), una nueva generación para las letras inglesas. Sin embargo, el tipo de narración que se da en “Expiación” tiene más asidero en un periodo anterior, decimonónico, similar al de Jane Austen. Es más, según el propio autor, la inspiración para escribir la novela la encontró en “La abadía de Northanger” de la escritora inglesa. Resulta curioso entonces el riesgo de McEwan en llevarnos a un tipo (y un tiempo) de escritura antigua como un acto de transgresión, y desde ahí, innovar y presentar algo nuevo.

Esta es la historia del hijo de la nana, acusado incorrectamente de violentar a una muchachita en las afueras de una campiña británica. En sus descargos muy posteriores contra su principal acusadora le tira en cara que su odiosa familia había encontrado en él al perfecto pervertido plebeyo, pobre y aspirante a delicado. La acusadora es la más pequeña de la familia, que trama toda esta calumnia luego que su fantasiosa imaginación crea que el hijo de la nana está violentando sexualmente a su hermana mayor, cuando la verdad es que consolidaban su amor hasta ese momento no verbalizado por ninguno de los dos, en la biblioteca de esta enorme campiña de verano. La acusadora se llama Briony y no tiene más de 13 años. La victima de su acusación es Robbie, y su hermana, Cecilia. Cee, para los amigos. Los amantes se ven separados por el envío a prisión de Robbie, y luego por la 2 Guerra Mundial donde Robbie es enviado para restar años de su condena, mientras Cecilia ya lejos de su pudiente familia, se las arregla sola como enfermera.



“Expiación” habla, por sobre todo, del arte de escribir, de la creación de personajes y del destino que les damos. Seguramente Briony y McEwan sean solo uno, porque de su pluma, o de su máquina de escribir dependen los derroteros que tomarán nuestros amantes. Esto queda claro hacia el final de la novela donde se cumple el acto de expiación de Briony.
Imposible que este portento literario no tuviese su adaptación cinematográfica. Y donde todo parece resultar un fiasco, acá está lejos de serlo. Y vaya como lo celebramos. La adaptación llevada a cabo por el diestro Christopher Hampton (“Relaciones Peligrosas” de Choderlos de Laclos, “Un americano impasible” de Graham Greene) es impecable. Casi perfecta. Eso sumado a la magistral dirección de Joe Wright (“Orgullo y Prejuicio”) que hace rozar en no pocas veces a la cinta en los terrenos clásicos, encumbrándola a ese territorio sacro de las grandes películas románticas y de guerra que el séptimo arte nos regala cada tanto. Wright nos roba el aliento con un primer acto perfecto: nos lleva a ese Edén en el día más caluroso del verano de 1935 cuando los cuerpos se desatan al “pecado”, y donde el ojo y la imaginación de una niña entre perversa y brillante, mira, juzga y condena para siempre a una pareja de enamorados. Wright continúa sobrecogiendo en una escena magistral de más de 5 minutos sin cortes, en plena Guerra Mundial, en la bahía francesa de Dunkirk donde asistimos a Robbie en su desolación y en los horrores que para ambas partes enfrentadas deja una guerra. Está ese torrente de conciencia de Robbie, donde escribe y piensa en Cecilia. (“I Love you. Come back, come back to me” repiten los amantes, a modo de penitencia mientras llega el momento del ansiado reencuentro), y por último está la reflexión sobre el arte de escribir, la literatura y la creación, en los potentes ojos azules de una Briony de setenta años representada por la inmejorable Vanessa Redgrave.



El próximo domingo 24, “Expiación” está nominada a 7 premios Oscar. La Academia quedó corta o se le hizo grande una película aún más grande que su apoteósica ceremonia de premios. Dos películas basadas también en novelas (“Sin lugar para los débiles” y “Petróleo Sangriento”) tienen todas las de ganar. Son “made in EE.UU”, y ambas son una metáfora que tiene más de tufillo político que cinematográfico. Lo que está bien pero acá hay más sutileza, elegancia, inteligencia, y por último un cine de muchísimo mayor convocatoria que dos áridos mamotretos impecablemente filmados, pero que no generan pasión ni reencanto con la gran pantalla.
Al igual que la novela, con “Expiación, deseo y pecado” (como torpemente le superpusieron en su traducción al español) no estamos frente a una película fácil en el sentido del ritmo. Hay que mantener atención porque hay un exquisito juego de montaje que tiene como fin mostrarnos los hechos desde ángulos y versiones distintas. Y el ritmo, muy fiel a la novela inglesa más tradicional, es in crescendo, pausado y delicado, como que se cuela por los dedos. No es un filme para domesticados en la acción rápida, en las persecuciones y los balazos a diestra y siniestra, donde hay buenos ejemplos, pero dejemos eso para otro rato.
Así como me dijo un colega crítico, probablemente “Expiación, deseo y pecado” no tenga sus adherentes en los más jóvenes, en los que andan buscando el cine raro, bizarro, extravagante y, por tanto, "lo moderno". Pero sí lo tendrá en aquellos paladares exigentes, en los amantes de la literatura, en los que van al cine buscando una pieza de arte verdadera y literalmente bella, en los interesados en las historias de antaño y los amores imposibles. Porque si lo piensan mejor, si “Expiación” no es una apuesta arriesgada en tiempos de montaje de video clip, efectos especiales de última generación, y comedias de grueso humor y calibre, entonces qué?

miércoles, 23 de enero de 2008

El día en que el cine se fue a negro

Fue un martes extraño. Un martes absolutamente cinematográfico. Importó poco la debacle de las bolsas mundiales y la crisis con el Dow Jones. Fue un martes que dejo un gusto agraz en el paladar cinéfilo de muchos. Quizás la anécdota más farandulera y superficial fue ese extraño encuentro entre el senador Fernando Flores y el célebre (hoy cuesta abajo) cineasta Francis Ford Coppola en los pasillos del Congreso Nacional. Déjenme decirles que al lado de las otras dos noticias, la sacudida de manos entre Flores y Coppola queda como una noticia bastante menor. Quizás si la visita hubiese sido la de su hija Sofía, yo y muchos hubiésemos andado cerca del terminal de buses sacando pasajes rumbo a Valparaíso, pero no fue así.



Las noticias comenzaron temprano. Martes 22 de enero, día de nominaciones a los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood que entrega la prestigiosa (a esta altura no tanto) estatuilla llamada “Oscar”. Desazón es la palabra, porque la Academia que este año cumple su aniversario número 80, pudo haberlo festejado de una manera más digna. Sin embargo, y si nos dejamos de pataleos idealistas, todo resultó y resultará (el 24 de febrero es la gala) muy de acuerdo a la lógica impuesta por años. Que una película como “Michael Clayton”, cuya única razón de existencia es darle un nuevo espaldarazo al, a mi gusto, super - hiper y sobrevalorado George Clooney, tenga seis nominaciones incluyendo todas las categorías principales, es una absurda exageración. Claramente es la respuesta y el freno a una película inglesa que pretendía barrer con todo. Me refiero a “Expiación” (Atonement), basada en la magistral novela de Ian McEwan y superior en sutilezas, de gusto más artístico y de tono más delicado. Claramente sinónimos que no conjugan bien con lo desechable, con lo práctico y lo básico de la mentalidad norteamericana y, específicamente, hollywoodense. Como una ironía que confirma mi teoría, “Michael Clayton” tuvo 6 nominaciones, empatando con “Atonement”, pero le robó la categoría clave: Mejor Director. Sí, “Atonement” o “Expiación” logró estar entre las cinco nominadas a Mejor Película, pero no le sirve de nada porque Joe Wright, su director, está ausente en la quina a Mejor Director. Las cuatro restantes tienen más opciones, incluso la independiente, prometedora y eficiente “Juno”. Empecemos por parte: los hermanos Coen se merecían su lugar por “Sin lugar para los débiles” o “No Country for Old Men”; Julian Schnabel por la aún inédita y difícil de conseguir “The Diving Bell and the Butterfly” era número puesto luego que se llevara un Globo de Oro hace días atrás por la misma categoría. Jason Reitman por “Juno” se entiende por el subidon que ha tenido la película en cuanto a espectadores y en las apuestas. Y Paul Thomas Anderson (“Magnolia”) dicen que hace una maravilla con este relato semejante al de “Ciudadano Kane” en “Petróleo Sangriento” o “There will be Blood”. Pero llegamos a lo mismo: Tony Gilroy (“Michael Clayton”) le arrebata el lugar a Joe Wright (“Expiación”), y deja inmediatamente lejana la opción de su película a llevarse el trofeo máximo de la noche. Me pregunto, y dejo abierta la interrogante hasta cuando tengan el placer de ver “Expiación”: ¿Podría Gilroy igualar en talento a Wright y construir ese perfecto primer acto de “Expiación” y esa toma sin cortes que se hace contundente y emocionante en la costa francesa de Dunkirk en plena Segunda Guerra Mundial (ejercicio que inmediatamente quedará marcado como un gran logro cinematográfico para quienes somos aficionados al séptimo arte)? Queda claro entonces que el embelesamiento de la Academia por “Michael Clayton” no tiene fundamentos. No estoy diciendo que “Michael Clayton” sea una mala película, pero a las claras es la más inferior de las cinco nominadas en la categoría principal. Deja en claro que la Academia sigue siendo conservadora, pechoña y fome. Y esta vez pecó de “gringuismo”. Es probable que el próximo domingo 24 de febrero se repita la injusticia de hace un par de años, cuando la contienda daba clara ganadora a “Brokeback Mountain” y pierde por ese bodrio olvidable que fue “Crash”.
Menos mal que ahora estamos avisados de mucho antes.

“Brokeback Mountain”: qué gran película y lamentablemente es mi gancho para hablar de la noticia más triste que ha recibido el mundo del espectáculo mundial en quizás mucho tiempo. Digo lamentablemente porque entiendo que a nivel popular Heath Ledger se haya hecho conocido por el rol en el filme de Ang Lee, pero todos sabemos el doble juego de adjetivarlo como “el vaquero gay”. Por eso me molestó el morbo que produce su figura ante quienes (y que es la mayoría) no conoce su filmografía lo suficiente como para juzgar el enorme talento que Heath tenía. Murió joven, como River Phoenix por esa misma y maldita adicción que hoy nos aleja de Heath, joven como el mítico James Dean en un accidente automovilístico. Tanto que nos deja. “10 cosas que odio de ti”, “Corazón de Caballero”, “Casanova”, “Los Hermanos Grimm”, “El Patriota”, “Brokeback Mountain” por cierto, quizás su trabajo más importante, su Ennis del Mar es un personaje complejo, lleno de matices, que él supo comprender y que engrandeció en pantalla. Tanto, que obnibuló a su compañero Jake Gyllenhaal y se hizo merecedor de una nominación a los premios de la Academia (Sí, a veces el tío Oscar no es tan injusto). Hace poco tuve la suerte anticipada de verlo en “I’m not there” esa suerte de homenaje en vida a la figura de Bob Dylan. Heath personificaba a un actor que interpreta a un músico (Christian Bale) que seguramente es Bob Dylan en algún momento de su carrera. Su pareja en pantalla es Charlotte Gainsbourg, y aunque el gancho de esta película sea la impecable transformación de Cate Blanchett como el músico norteamericano, el trabajo de Heath cumple con creces. Nos dejó a Mathilda, su hija de dos años, fruto de su matrimonio con Michelle Williams (Sí, la Jen de “Dawson’s Creek”) y que conoció durante el rodaje de “Brokeback Mountain”. Y nos dejó su último trabajo, quizás el que lo alzaría a las grandes lides. En julio, y de manera póstuma, lo veremos como el Guasón en “Batman: The Dark Knight”, la esperada secuela de “Batman Inicia” dirigida por Christopher Nolan (“Memento”). Desafortunadamente para Jack Nicholson, que hace poco se manifestó enojado porque sólo él podía interpretar al Guasón, ahora el personaje le corresponde a Ledger, de aquí hasta la eternidad. Hay pena por la forma en la que ocurrió su deceso, pero quizás la pena mayor fue la incalculable pérdida que deja su partida. Porque Heath era uno de los grandes. Porque más que pena, también me dio rabia, porque tenía tanto para entregarnos y quedan tan pocos talentos genuinos como el que entregó nuestro querido y ahora eternamente recordado Mr. Ledger. Te mantendremos vivo con tus películas. Gracias por todo y que descanses.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

make me beautiful

Ya ví los primeros cuatro episodios de la quinta temporada de Nip/Tuck. Porque los cirujanos plásticos más extremos de Miami se cansaron de las arenas blancas y las palmeras, pero continúan con las altas temperaturas. Esta vez, al pie de los míticos montes que parecen hechos de celuloide. Christian Troy y Sean McNamara se mudan a Los Ángeles. Lugar de sueños, estrellas y promesas de fama incumplidas. El valle por donde pululan miles buscando popularidad y una portada en “In Touch”, “Us”, y si la suerte anda bien, en “People”. Si no quieren saber de qué va esta nueva provocación de Ryan Murphy (el creador de esta adictiva serie), les recomiendo no seguir leyendo, porque a continuación daré a conocer unos cuantos spoilers que pueden matarle la sorpresa a muchos.
La escena abre y se oye a Michael Bublé con "The best is yet to come". Imposible mejor indicador para saber lo que se viene luego. Christian y Sean llevan unos cuantos meses instalados con una clínica en Los Ángeles y aún no estrenan pabellón ni bisturís. Están preocupados. Con decirles que hasta los peces del acuario les quieren embargar, mientras matan el tiempo encestando tiros en una malla de basquetbol que tienen dispuesta al medio de la sala de operaciones. Idean ir a fiestas para hacerse promoción y se encuentran con una agente publicitaria que los salva del derrumbe: les ofrece participación en la creación y en la salida al aire (o sea, actuando) en una serie de televisión de cirugías plásticas llamada “Hearts ‘n Scalpels”. Y acá comienza lo interesante, porque veremos una serie dentro de otra igual. Una suerte de metalenguaje que, claro, es tratado como la más básica entretención, pero que un ojo agudo valora como un acierto del guión. A Christian lo “borran” de pantalla y Sean comienza a ser acosado como la nueva estrella de televisión. Tanto, que comienza a salir con una actriz del elenco, la que tiene problemas con un síndrome de sobrepeso, baypasses gástricos, y un autoestima por los suelos. Y Christian, menoscabado en su enorme ego, instiga a esta agente para subir sus bonos de popularidad. La oferta: una sesión de fotos donde el doctor aparecerá desnudo para una revista para mujeres, pero que en realidad leen los gays, “la mafia gay” como le llaman en la serie, esa que es poderosa en influencia, el circuito “hype” como le llamarían en la jerga coolhunter, y que unido a la notoriedad alcanzada por su colega en la serie de televisión, le servirá a la dupla para estrenarse profesionalmente en esta nueva ciudad. Los clientes les llueven, y como ya nos tienen acostumbrados…vaya qué clientes tienen. Comenzando por las dobles de Marilyn Monroe que se pasean por el Paseo de la Fama y que protagonizan una de las mejores imágenes que nos ha entregado la serie: Troy siendo rodeado por estas dos símiles a la diva de los 50 después de una noche de sexo.
La familia está lejos. Christian y Sean viven solo con el pequeño Wilber, el hijo adoptivo de Christian al que finalmente le entregan la tuición durante la cuarta temporada. Julia vive en Nueva York junto a sus hijos menores, Annie y Connor, el menor con malformaciones en las manos que nació durante la temporada anterior. Julia en un llamado telefónico, les avisa a la dupla que irá a visitarlos porque quiere contarle a Sean que tiene una nueva pareja, “Ollie” (la actriz Portia de Rossi, en la vida real pareja de la comediante Ellen DeGeneres). Sí, Julia luce su nueva condición de lesbiana. Y a Sean le baja el previsible machismo de porqué su ex esposa se convirtió al lesbianismo después de dejarlo. Ollie tiene una hija, Eden una adolescente bastante sugerente que llega a la consulta de Sean para que le recomponga su himen que fue dañado luego de un accidente ecuestre. De ahí, la relación de Eden con Sean es como una nueva versión de “Lolita” de Nabokov, o una nueva lectura del personaje de Kevin Spacey en “Belleza Americana”. Agréguenle a eso a Annie, que influenciada por su nueva hermanastra Eden, le pide a su padre una liposucción para conquistar a un chico de la escuela. Y como su padre se la niega, cede a las exigencias de Eden para que experimente con la bulimia. En paralelo, y por accidente, Christian se convierte en un gigoló por las noches, seduce mujeres y le pagan por una sesión de sexo. Eso, hasta que una de sus clientes le pide cumplir una fantasía de hielos en una bañera, de hipotermia y posterior “resurrección” mediante el acto sexual, práctica que la lleva al borde de la muerte y que Christian se arrepiente, reza en una iglesia y expía sus malas acciones ayudado por una monja, a la que acaba de reducirle las pechugas y que la convertirá, después de un pasado no tan santo, en una real sierva de Dios. Por otra parte Matt, el hijo de Sean y Christian, que acaba de ser padre de una niña que tuvo con la díscola de Kimber, llega a pedir ayuda a sus padres, porque de nuevo Kimber lo ha abandonado y él queda en calidad de padre soltero. Los padres lo apoyan, pero acto seguido, vemos a Matt llegar a una pieza de hotel toda destartalada, con el bebé a cuestas, y con Kimber sentada en el suelo de la cocina, drogada y como pidiendo que le inyecten nuevas dosis de cocaína. Matt se une en el juego, y la escena impacta, terminando con la pareja en una intensa escena de sexo, drogas y rock ‘n roll de fondo.
Así es como todo este exceso vuelve, y renovado. Porque el show de televisión en el que se ven envueltos los doctores actúa como un interesante telón de fondo. Porque con el correr de los episodios, nos revela detalles escabrosos del glamoroso mundo de Hollywood y la industria del entretenimiento. Desde adentro, desde ellos mismos. Una disección profunda en lo más patético del star system, y Nip/Tuck es el injerto morboso para espectadores hambrientos por más.

Para Buenos Aires, dedicado a mi gran amigo G. que llega pronto a Santiago a pasar las vacaciones de verano.

miércoles, 28 de noviembre de 2007

Nada se pierde, todo se transforma

"Ansiedad, de tenerte en mis brazos, suspirando palabras de amor…"

Suena Nat King Cole y esto huele a nostalgia. La cándida fotografía de mi sobrino de 8 meses surtió el inesperado efecto. El peninsular se enterneció con su otrora “sobrino político”. Y no pudo más. ¿Me puedes llamar a mi casa?, me dijo. Yo titubée. “Dame diez minutos que termino de conversar con un amigo y hablamos” siguió. Y yo escueto con un “Ok, perfecto. Te llamo”. Me desconecto, apago el computador, libero torpemente el teléfono de una maraña de cable enredado. Quiero un cigarro, no hay fósforos. Cuando ya los hay, no logro prenderlo con habilidad. Miro el celular esperando que pasen los 10 minutos acordados. “Córtate los dedos, no lo llames. Hazlo esperar. Qué se pudra. Pero algo quiere, quiero saber”. Todo esos pensamientos pasaban a mil por hora. Eran 20 para las dos de la mañana, tengo que levantarme temprano porque tengo que ir al diario, por la tarde hacer una entrevista a un prominente escritor para un trabajo del postgrado. Y me da lata todo. Porque desde que esto terminó, así ando. Apático, desanimado, sin entusiasmo por nada. Ni siquiera por el cuarentón, adinerado, macizo, profesional y galán. El Mr.Big que me anda rondando y del que no hago más que escabullirme. Apenas sonó por el otro lado del auricular todo cambió. Volví a escuchar a la misma persona que disfrutaba hace unos cuatro meses, antes de su partida a Italia. Hablamos 45 minutos y fue un déja vú constante. Su tono, su ritmo, su intención. Era el mismo, parecía nunca haberse ido y parecía que nunca esto se hubiese terminado. Estaba calmado, sin que nadie le interfiriera el momento. Hablamos del trabajo, de su aún incierta estancia en Chile pero de sus ganas de quedarse por mucho tiempo. La tormenta de la ruptura había amainado en ambos. Hablamos de las probables conquistas o coqueteos que hubiésemos tenido durante este tiempo. Para los dos hubo, pero nada de importancia. “Todavía estoy como fatigado, incómodo por lo que pasó” me confesó. Nunca le dije que me pasaba lo mismo, sí le dije que no tenía deseos de estar con nadie. Nos reímos con un mensaje de texto que recibí el domingo de parte de él, donde me contaba que estaba comiendo un helado San Francisco de Tronco de Castaña, nuestro favorito, y como inmediatamente yo partí por uno igual. Hablamos de un video de you tube donde se mofan de Monica Belucci y nos reímos. Me contó que estaba saliendo poco (lo noté al verlo estas últimas semanas, todos los días conectado a Messenger), que se iba a Italia a pasar Navidad y Año Nuevo, que vuelve en enero porque tiene unos seminarios que realizar, que no sabe qué hará en febrero porque le han dicho que nadie anda en Santiago, y que en marzo termina su magister y si no encuentra trabajo estable, a su pesar, deberá marcharse. Pero no quiere y hará lo imposible por quedarse. A veces las conciliaciones resultan cuando son menos forzadas, cuando no hay por delante “un tiempo” o un “intentémoslo de nuevo” para cumplir. Es la primera llamada telefónica después que todo quedó irremediablemente atrás (después de su desubicada “runaway” el día de mi cumpleaños) y creo que es muy pronto para aventurarse sobre lo que va a pasar a corto plazo. Quiere que volvamos a conversar mañana, claro que un poco más temprano que hoy. Todo dice asegurar que retomaremos el ritual de las conversaciones telefónicas eternas que tuvimos en un primer momento. Me dice que no debo quedar atrás con mis clases de italiano. No le respondo nada claro. Lo único claro es que, a mi pesar, me siguen pasando cosas. Cosas que no siento por ningún otro y que al parecer no quiero sentir. Aún está presente, no se ha ido. Sigue marcando terreno y sutilmente no quiere ceder. Demostró celos cuando me preguntó altaneramente por “ESE” que me pretende. Después le dije que nunca le he fallado, a lo que asintió, y yo rematé con “acá el que ha fallado es otro”, y hubo un afirmativo silencio desde el otro lado. Y así. Momentos tensos pasados por terciopelo, porque fue una conversación descontaminada, voluntariosa, como de bienvenida. Y sí, quizás tropiece de nuevo con la misma piedra, pero cuando el sentimiento manda, nadar contra la corriente se vuelve inútil. Que pase lo que tenga que pasar.

“Si estás oyendo, vuelve. Ni siquiera saludes. Con la luz de la mañana, abre puertas a patadas. (Niño) vuelve que no hacen falta razones… Me muero por verte, volver a tenerte”.
Ese último momento. Alejandro Sanz
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viernes, 23 de noviembre de 2007

Yo no soy ese

Escucho canciones de amor, idealizo una relación de pareja, hago regalos, compro flores, invito a comer y me preocupo cuando está enfermo o tiene una dolencia. Pero… “yo no soy ese que tú te imaginas, la paloma blanca que le baila al agua, que ríe por nada…ese niño sí, no. Ese no soy yo”. Bien que la cantaba Mari Trini.
Es complejo darte cuenta que, en realidad, no eres así. Que todo forma parte de un simulacro, de la grandiosa actuación de tu vida: La de sentirte enamorado. La de cumplir el rol de “pololo, pareja o amante”. A ratos suena idílico provocar que florezcan los árboles, que suenen los pajaritos, que el encuentro sea furtivo e inolvidable como en la mejor película norteamericana, o tener conversaciones llenas de frases y reflexiones para el bronce (como los diálogos de Dawson’s Creek. Sí, veía D.C, soy viejo, me quedé en el pasado, ¿Y?). En fin, ahora que miro para atrás vi que monté la escenografía perfecta para que los actores se movieran a la perfección y dijeran sus parlamentos con claridad. La misma exactitud con la que embelesé a los espectadores y oyentes de mis aventuras. Algunos hasta me miraron con incredulidad ante lo extremadamente maravilloso y perfecto que sonaban mis relatos. Y era así no más. El esfuerzo por hacer funcionar “una máquina” que debía andar y provocar en mí, en mi pareja y en el resto, sentimientos de un momento inolvidable. Fue bonito, no lo dudo ni me arrepiento. Pero ya no más.
No necesité de ningún tipo de terapeuta para saber que, en realidad, no soy para eso. Desgraciadamente soy mucho más impersonal de lo que pensé. Afortunadamente soy una persona independiente, que goza de su libertad de moverse solo por el mundo. Que no le gusta que lo controlen, que si lo hacen saca a relucir su peor humor. Quizás lo mejor sea una relación a distancia, porque me aburre estar siempre tocando la misma tecla. Por motivos prácticos aún tampoco puedo: vivir con tu madre, ignorante de tu condición, súmale mi desinterés por desempolvar lo que creo que es un tema íntimo, propio y que si no quiero no lo cuento, da como resultado que me complique tener que cumplir con obligaciones de alojamiento y estancia permanente con una persona. Por más que la quiera mucho.
Creo que durante todo este tiempo cumplí un rol que está fuera de lo que mi esencia parece gritar a voces. Todo esto se resume a que no sé si quiera estar con alguien, como tradicionalmente se está. Sueno cínico, descreído y un poco frío. Sí, quizás lo sea. Egoísta y mañoso también. Pero deshonesto nunca. Creo que el amor es el sentimiento más maravilloso e incomparable que pueda sentir un ser humano vivo, pero hay acciones y actitudes que no se deben forzar para que lo que ya es perfecto, sea empalagoso. Quizás el papel del guión anterior me calzó a la perfección por cierta inmadurez, por el deseo quinceañero de ver las estrellas por las noches, por dibujar corazones en el cuaderno, o por tallar en los árboles las iniciales de tu nombre y el de él. Y no digo que esté mal, pero creo haber crecido. Disfruto de la compañía de alguien que respete mis espacios de la misma manera que yo hago con el resto. Seguramente esto de encaminarme poco a poco hacia la treintena me haga ver las cosas más como un adulto. El enfoque es distinto y soy otro.
Termino este relato escuchando en el iTunes una canción de Miranda! cuyo estribillo dice: “No voy a ser tu galán, fue la primera cosa que yo pensé…”. Justamente es eso. Es lo que hay.