
En el Sunday Times también se escribió sobre la ex supermodelo, y el artículo fue traducido y publicado en la revista “Ya” del martes pasado. El mismo fin de semana que aparece la entrevista de “Magazine” en La Vanguardia, aparece en portada y en una gran entrevista otra vez la ítalofrancesa, esta vez con el título de “Visitando a madame Sarkozy” en el suplemento “El País Semanal” del diario El País de España. Como si no fuese suficiente, en la edición de septiembre de la gran Vanity Fair, aparece la primera dama emulando a Jackie O. y fotografiada por la siempre notable Annie Leibovitz, y supongo que será un gran reportaje con grandes fotos, todo para una gran edición especial dedicada al estilo, que año a año realiza la publicación dirigida por Graydon Carter.

Y es que es mucho Carla Bruni. Como personaje me agotó en el momento que decide casarse con Nicolás y convertirse en primera dama. Esta mujer sí que sabe como escalar en el poder. También dejé de tomarle atención musicalmente a partir de ese momento, porque pecando de iconoclasta, me cargó que por su cargo público se volviera popular y sus canciones las escuchara en cualquier radioemisora chilena de corte más femenino y sus discos se convirtieran en los primeros en la lista de Feria del Disco. Lo mismo va a pasar en unas semanas más cuando llegue a Chile el iPhone G3 y cualquiera lo tenga como fetiche. Me molesta cuando ese tipo de cosas se vulgarizan.
Amé “Quelqu’un m’a dit”, su disco debut. “No Promises”, su salto marketero hacia el mercado anglo con letras en inglés sacadas de poemas de Keats y Auden, me pareció una soberana lata. Con “Comme si de rien n’était” vuelve al francés, la cosa mejora, pero ya la perdimos. Se enamoró del candidato a la presidencia por el cual no votó, y de paso evidenció al mundo que tiene una ambición sin parangón. Sigue siendo la bella Carla, la misma con voz aterciopelada y cadenciosa, y con esas canciones sincopadas ideales para escuchar en invierno con una buena taza de café caliente, ojalá estando acompañado. Pero su exhibición me repele, y la exhibición que le da el periodismo me da arcadas.

Porque esta es una nueva oportunidad para criticar sobre las pautas de los medios periodísticos. Y ahora más, cuando el tema trasciende nuestras fronteras. Que dos medios españoles el mismo fin de semana tengan a la cantante, preguntándole las mismas cosas, dando la misma descripción de su casa en París, y ella respondiendo a cada pregunta con una ridícula profundidad casi rayando la siutiquería (En “El País" le preguntan ¿Cómo es su proceso de creación? Y responde... “Cuando escribo una canción, lo hago desde la confusión que rige un momento de mi existencia; navego en ese desconcierto hasta que necesito precisar algo y entonces escribo la canción. Cada canción pone palabras a una confusión; después me siento aliviada”). Yaaaa??? O en “La Vanguardia” cuando le preguntan “Se define como cambiante y contradictoria”, ella responde “Es una válvula de escape, formas de evadirte de esa muerte que nos iguala”.
Está bien que todo este auge mediático responda al lanzamiento de su tercer disco solista y el primero como primera dama de Francia y que por eso los micrófonos estén más dispuestos a escucharla, pero este nivel de pobreza de agenda no pasa desapercibido ante los lectores, porque para más son temas de portada. Si luego recibimos quejas por la predecible y repetida oferta que entregamos a la calle, no tenemos pito qué tocar.
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