viernes, 17 de agosto de 2007

una nueva cenicienta

Llamémoslas Cenicientas, sí. Es el adjetivo menos cruel, aunque para algunos un eufemismo de un prototipo de fémina que abunda en cuanto círculo social uno se rodee. Son ese tipo de heroínas –otro adjetivo benévolamente irónico- que pasan de tener nada a tenerlo todo, o casi todo. Quizás sea un modelito familiar a la chica descrita en el post anterior. Recuerdo lo que decían de Carolina Arregui, que sin haber estudiado teatro y luego con el título de esposa del director de teleseries más importante, por ese entonces, de Canal 13, se convirtió en la protagonista de cuánta telenovela sintonizamos a la hora del té, por allá por los años ochenta. También recuerdo todos los humillantes rótulos con los que juzgaron a nuestra Cecilia Bolocco en Argentina, cuando se comprometió en matrimonio con su hoy ex marido, el octogenario Carlos Saúl Menem.

Y desde aquellos famosos ejemplos, hasta los más comunes y cotidianos, estas chicas se las traen. Pueden hacer hasta lo indecible por estar “arriba” (interprételo como quiera). En una universidad, cuyo arancel bastante elevado, permite que la mayoría pertenezca a una clase acomodada, y sólo unos pocos esforzadamente puedan estudiar, se nota, si no inmediatamente, con el correr de los años, quién es quién. Por sus amistades, por el colegio que egresaron, por sus apellidos, por sus autos, sus ropas, o simplemente por ese charm que uno que otro destacado expele.

Mariana era una chica bastante normal, nada de fea. Diría guapa y atractiva de frentón. Seguramente, con uno que otro ejemplar tuvo su discusión y rompió lazos, como a todos les pasa, pero según mi opinión, no era una chica conflictiva, sino más bien alguien bastante sociable. Demasiado. Sobre todo con el sexo opuesto. Así abundaron las malas lenguas durante los cinco años que duró la carrera. Uno y otro, “que pase el que sigue” parecía ser su máxima. Yo, Thomas Perowne, no podría especular, ni afirmar o negar al respecto porque no fui ni presa ni testigo de sus encantos. Pero hubo víctimas (y no tan víctimas) que sí admitieron haber caido a sus redes de placer. La nueva presa de nuestra Marianita, era comentario fijo después de cualquier fiesta o evento universitario extra académico.

Antes de egresar, Marianita era redactora de noticias y artículos culturales del único diario oficialista. Entrevistó a cuánto escritor, artista o músico-underground-cool se le pasara por delante. Porque aunque bailara cuanto axé, reggaeton, merengue, salsa o cualquier música pachanguera, ella hablaba de Macchu Picchu y del musical de Los Jaivas, leía a Pablo de Rokha, a Enrique Lihn y a Roberto Bolaño. La chica quería limpiar su imagen envuelta en faldas cortas de tul, brillantina en la cara y peinados vaporosos. Aunque todos sus compañeros la desconocieran vestida así en la ceremonia de titulación, todos preguntándose “De dónde se escapó esta trabajadora de la calle San Camilo??!!” Pero era nuestra Mariana, tratando de aparentar glamour, brillo y exceso en el evento donde saldría nombrada Legalmente P_ _ _ periodista.

En cuánto fue redactora de noticias y artículos en el diario, las lenguas venenosas no pararon de conjeturar que su puesto lo había conseguido con esa siempre eficiente dosis de encanto, tan suya y efectiva que encandiló a varios compañeritos. Y no se equivocaron. Hace un par de meses, la veo de la mano, comprometida seriamente con su jefe, el editor de ese mismo género y del mismo lugar donde hincó su pluma y hoy se luce con sus publicaciones dominicales. Nuestra Marianita, otra más de nuestras cenicientas, lo había logrado.

lunes, 13 de agosto de 2007

Crónica de un yo-yoísmo crónico

Ese maldito ego. Que nos levanta y que nos destruye. La insoportable vanidad de sentirnos el centro de todo, porque todo lo bueno y lo malo nos pasa a nosotros. Siempre es uno el que sabe todo primero, eso que leímos, que escuchamos, que vemos y que probamos. Todas las desgracias son propias: “Soy mujer, tengo una hija y nunca podré hacer ese grandioso trabajo que haces tú como periodista, porque eres hombre. La sociedad te cubre y puedes hacer todo eso que haces muy bien”, le decía esta conocida, por un tiempo compañera, luego amiga, y ahora sólo conocida, a un importante director de una célebre revista de periodismo narrativo peruana, y que vino a dar un seminario a periodistas en formación en una universidad privada.

Si tuviera que retratarla con lápiz y papel, la dibujaría exuberante, de piel morena, ojos expresivos y con dotes bien puestas y de notable volumen. De ropas y escotes sugerentes. Es una chica guapa y se ve bien. Por tal prototipo, cualquiera diría que es una chica superficial, de esas que cambia de novio como quién se cambia de ropa, que habla banalidades, le gustan las fiestas y la bohemia pachanguera. Pero no. Pese a sus ceñidos trajes, nuestra Angelina Jolie criolla (así le llamaremos, porque así de “exótica” es), es una mujer seria, matea. Sueña con ser una Oriana Falacci del periodismo literario. A la hora de cualquier invitado escritor que hubiese en la escuela, ella hacía lo posible por sentarse lo más cerca de él, aunque antes estuvieran las mismas autoridades de la universidad. Para la revista peruana anteriormente mencionada, redactó un perfil sobre las juergas de Pinochet durante sus años al mando de Chile. Aparecer publicada en toda Latinoamérica, aunque en ediciones limitadas y con lectores insospechados, ha sido su mayor logro profesional. Escribió su tesis sobre el Juez Juan Guzmán con la misma prepotencia de Truman Capote escribiendo “A Sangre Fría”, soñando con ganarse el Pulitzer, pero sólo recibió como premio un 5.0 de parte de la comisión de profesores.

Tan talentosa en lo profesional, pero tan sufrida en el amor. El padre de su hija es un irresponsable bueno para nada, entre demandas y lágrimas se movió por la universidad. Llorándole al hombro a cada uno de sus compañeros, culpando a su mal amor de todas las desdichas que sufría. En la última fiesta de la generación de compañeros, asistieron todos. Entrada la madrugada, comenzaron a filtrarse rumores de nuestra Angelina Jolie. Había tenidos calurosos encuentros con dos o tres compañeros esa misma noche. El rumor se expandió. Ella al saberlo, lloró desconsoladamente. Llamó a una gran cantidad de compañeros, por no decir a todos, para preguntarle uno a uno, desesperada y sollozos mediante, quién había sido el culpable de tamaño perjurio que le levantaban. Que si esto llegaba a oídos del padre de su hija, quizás el fallo judicial se revertiría en su contra. Así de dramático. Y todos estupefactos, mientras sus víctimas de esa noche loca aún no se sacaban las manchas de su lápiz labial de la boca.

A todos mira por debajo del hombro, “porque son pocos los verdaderos periodistas y los que escriben bien y tienen pluma aquí”, me dijo en reiteradas ocasiones. Hace unos seis meses, revisando una casilla de correo abandonada me encuentro con un mail de ella.
Lo reproduciré textualmente, aunque omito el nombre de los involucrados. Lo que destaco en negrita, es el verdadero propósito del mail y no otro. Se los digo porque la conozco…


Thomas: por estas cosas de la vida me encontré con un blog de XXXX donde todos le tiraban mierda a mi pololo: Juanito Pérez, periodista y crítico de música del diario La Primera. De pronto te encontré a ti, con foto incluida, diciendo estos " desafortunados llamados colegas". Quiero decirte, que son periodistas de verdad, de los que aplanan calles, de los que saben y tocan música, que escriben como nosotros quisiéramos hacerlo. Que pasan haciendo turnos los fines de semana, que su murallas están plagadas de discos, que salen tarde de los conciertos para despachar a la última edición y que escriben porque oyen y lo siento pero muchas veces hay voces, composiciones y letras, que no se oyen nada bien.
Como colega te digo: hay que tener cuidado cuando adjetivamos a los nuestros.

Saludos cordiales,
Angelina Jolie.


Sí, era sólo para decirme que estaba de novia con el aludido. Además de salir en una irrisoria defensa en nombre de su novio. Independiente a que mi acusación fuera cierta, porque dejemos claro que ese mismo noviecito que aplana calles para criticar música (jaja) se retiró del concierto de un artista antes de la primera hora del show y luego lo destroza en el periódico con una desfachatez vergonzosa.

¿Lo hará así con todos? Espero que a su novio actual, personaje célebre en las esferas de poder pero fome como él solo, que me lo presentó en un rimbombante evento social la semana recién pasada, no lo defienda tanto en las columnas de análisis político que domingo a domingo publica en el cuerpo de reportajes del mismo diario, de su antiguo novio el critico de música.

Al parecer, nuestra Angelina Jolie no descansa en sus ansias de llegar a puestos de poder y notoriedad. Todo lo excesivamente necesario para no ver dañada su épica y grandiosa egolatría.

sábado, 4 de agosto de 2007

Elisa feat. Ligabue - Gli Ostacoli del Cuore



Mi amado informante me confidencia que esta canción la rompe en el verano italiano. Viene con la letra como subtítulo para que la puedan cantar. Yo casi que me la sé de memoria. A ver si les gusta...

viernes, 3 de agosto de 2007

juegos de seducción

Nunca sospeché que un destartalado compañero de estudios provocaría tales sensaciones. Tartamudeante, pero siempre con una opinión interesante en cada una de las clases que compartimos. Conjeturo que en una época pasada tenía kilos de más, porque su anatomía así lo delata. Su mirada es profunda, pelo negro-liso-rebelde, bigotes y pera. Su voz es grave, su andar despreocupado, al igual que la ropa que usa al vestir. Siempre con unos pantalones cargo arrugados, de color oliva o marengo. Siempre de polera manga corta y de color oscuro, hasta en los días en donde el frío hace de las suyas. Y siempre con una incombustible, al parecer imperecedera chaqueta de lana burdeo con parches verticales de gamuza gastada café, que cubren su espalda y parte del frente. A simple vista, nada hace prever el seductor que se esconde tras esas mal elegidas prendas.

Hace un mes, un generoso compañero de curso –italiano de origen, como si mi karma no fuera suficiente- invitó a todo el curso a su cumpleaños número 32. Con mi nueva y entrañable mejor amiga que conocí en el mismo curso, llegamos. Ella ya me había advertido de los encantos del joven descrito en el primer párrafo, mas yo no hacía mayor caso de la evidencia. Hasta esa noche. Conversamos, uno de sus amigos y también compañero nuestro se fue antes de que la celebración tomara forma. Se acercó a nosotros y en la conversación me asaltó un comentario hasta ese momento, ingenuo, pero ahora que lo pienso, no podría juzgarlo con el mismo adjetivo. “Tienes un lado del bigote más largo que el otro ¿es puro estilo o no te habías dado cuenta?”, le dije. Asombrado, y con una sonrisa responde “En serio! No me había dado cuenta, cuando me lo corrija te muestro que tal me queda”. Fue algo así, quizá no literalmente, pero entre las risas mías, de él y de mi amiga, por tal detalle inútil y digámoslo, superficial en el que había fijado mi atención, eso tendió a responderme. Bailamos. Los tres. Su baile, sin una pizca de sincronía (y esa es la mayor gracia), fue luego bautizado como “decontructivista”. Mi amiga iba y venía. A veces quedábamos bailando solos y él no se inmutaba. Ya sé lo que deben estar pensando, pero no. O no sé. Hasta ahora, y me adelanto al final del relato, el aludido es heterosexual a tiempo completo. Pero el que no se urgiera por estar bailando con otro tipo, fue mayor razón para que tanto yo, como mi amiga lo adoráramos por su inconsciente liberalidad.

Tiene al parecer mi misma edad. Su nombre es Ignacio, más todo el curso lo conoce por su segundo nombre el cual omitiré. Sólo decir que ese segundo nombre con su apellido, hacen un juego cacofónico divertido. No le gusta su nombre oficial porque lo encuentra “como de un tipo pesado”. Confiesa que sólo su madre lo trata de esa manera, y en una insólita jugada (de su parte), después de festinar mucho nombrándolo (yo) por su nombre de pila, me autoriza a que no lo llame así, sino que le diga “Nachito”. Así de íntimo y familiar. Mi amiga asegura ya no interesarle, sin embargo cuando nos juntamos los tres, pareciera ser una competencia constante acerca de quién gana en ese insólito triángulo. Él es soltero, y por lo que deja entrever, parece que no anda en busca de nada. Así de relajado, mientras rebasa y chorrea de testosterona cualquier lugar que presencia.

Me cambiaré de curso dentro del mismo programa de estudios, o sea, cambiaré la especialidad. Él también quiere hacer lo mismo. Yo aprovecho la ocasión para, coquetamente, decirle que se cambie, que no me deje tan solo con otros compañeros distintos, y que así nos haríamos vitalicios partners. Durante la última vez que estuvimos de copas en el departamento de mi amiga, que además es su vecina, llegó la hora de irme. Al despedirnos me di cuenta que él y su mejor amigo (y compañero de curso) también dejaban el lugar. Al preguntarles porqué se iban todos, y que “por favor, sigan pasándola bien”, me dice: “No, es que si tu te vas, no es lo mismo”.

Al otro día, hablo con mi amiga y comentamos toda esta situación. Ella me llama al orden, llegó agosto y un avión cruzará el Atlántico con una persona a mi rescate. Es tiempo que el juego se termine. Porque “quién me llevará al extremo” será otro, y no precisamente el “Nachito”.

martes, 31 de julio de 2007

La joya de la familia

Hay una problemática escena en “La Joya de la Familia” que anticipa muy bien de lo que hablaré en este post. La nueva conquista de uno de los hijos de la familia, interpretada por Sarah Jessica Parker, quien es una conservadora ejecutiva neoyorkina, está sentada a la mesa junto al resto. Diane Keaton es la madre. Uno de sus hijos es gay y está sentado junto a su pareja. Diane Keaton dice la siguiente aseveración, que inaugura la discusión que viene luego: “Me hubiese gustado que todos mis hijos fuesen gays. Para que no se fueran de mi lado”. El personaje de Sarah Jessica le pregunta “Imagino que eso de que sus hijos fueran gays era una broma, no?”. La madre la queda mirando, como esperando qué más viene. Y comienza el malentendido, “no, lo decía por el desafío que eso implica para un hijo. A ningún padre le gustaría que su hijo…A todos nos gustaría que nuestro hijo fuese una persona normal”. Este intercambio de palabras, termina con la Parker corriendo y encerrándose en su pieza. En tanto, Diane Keaton, mira a su hijo gay y le dice “Hijo, te amo. Y para mi, eres más normal que cualquier otro idiota”.

Referente a este tema. Si te autodefines como homosexual, decirle o no a tu familia sobre tu orientación sexual es un tema. Personalmente es una gran piedra en el zapato. Y se hace más evidente cuando estás en una relación. Porque ya saben, cuando estamos felices nos gusta compartir con todo el mundo esa felicidad, y con mayor razón, con tu familia. Les hablaría que todo este proceso ha sido, para mi, bastante natural y se ha desarrollado sin angustias. Quizás porque lo vine a asumir bastante grande, en una etapa mucho más madura. También porque la persona que tengo a mi lado, no pretende presionarme en nada. Es más, será presentado en sociedad en las próximas fiestas patrias, pero como mi profesor de italiano. Nada más.

Dicen que las madres siempre lo saben. De la mía no sé qué pensar. Lo más probable es que sí. De un tiempo a esta parte, he sentido el miedo y la duda al conjeturar si su amor seguirá intacto luego que lo sepa. Sin embargo, no sé si sea egoísta o generoso de mi parte, pero por el momento, no quiero que de mi boca salga una palabra. Porque conozco a mi gente. Sé que el tema les preocuparía enormemente, que sería un dolor para ellos. Más aún si pensamos que el aludido, es el niño perfecto, el admirado por todos por su inteligencia, su caballerosidad, su sensatez y discreción, por ser el vocero, el embajador que podría llevar bien puesto el nombre de la familia a cualquier lugar. En pocas palabras, es “la joya de la familia”.
También sé que no debiese transar mi felicidad personal, por verlos a ellos felices. Mi plan, y lo he compartido con quién me quita el sueño, la respiración y mis pensamientos, es primero, verlos a ellos satisfechos de mis logros personales y profesionales, que sientan que me las puedo ver bien siendo independiente al bienestar económico que actualmente me brindan. Mientras más sólido me vean como persona, menos preocupación les daré. Y luego, que sea lo que sea.

Tengo la suerte de estar haciendo cosas en pos de eso. Siento que cada día que pasa construyo una pequeña parte de la obra que quiero erguir alrededor de mí. Estoy dando los pasos justos y necesarios. Pero no es el caso de todos. Para muchos este tema es mucho más complicado, porque las circunstancias son adversas. Soy un convencido que ser gay es mucho más difícil para un ciudadano de a pie, que para un burgués ilustrado con cierto roce educativo y social.

Creo tener todo bajo control. Digo “creo” porque este mundo no es para autosuficientes ni soberbios. Pero me gustaría saber su opinión respecto a este tema que pongo en la mesa. Es difícil ponerse en la piel de una madre o de un padre a quién le llega este tipo de confesión. Y más dentro de esta sociedad. (Me estoy poniendo con esto, como el personaje de Sarah Jessica Parker en la película), pero… ¿Cómo se lo tomarían ustedes?

lunes, 30 de julio de 2007

benedetto agosto

Parecía que nunca llegaría agosto. No puedo negarme al placer, al recocijo que siento al saber que estoy a pocos días de su regreso. Acabo de confesarle, por messenger, que estos dos meses fueron un siglo. A partir de hoy la cuenta regresiva va en retroceso, mi ansiedad crece y mis expectativas sólo responden al hecho de poder verlo y escucharlo de nuevo.

Me cuenta que en Italia el calor es insoportable. Yo le digo que acá, casi que nos hemos puesto insensibles al frío. Me sugiere estar bronceado, yo le pido que además de los regalos que me confesó que me traía, me trajera uno de sus besos apasionados, con el roce de esos bigotes tan masculinos, y tan inconfundibles.

Bromeamos sobre el romántico episodio de despedida cuando se fue, el 12 de junio. A ratos me da pudor. Las emociones te llevan a arrojarte a actitudes que en sano juicio jamás harías. También nos reímos, imaginándonos a ambos, durante estos dos meses, casi vestidos de monjes, con sotana y capucha café, con un lazo en la cintura, y un látigo en una mano, listos para autoflagelarnos, si existió el momento irresistible de caer en tentaciones. Compartimos un humor particular.

Está feliz. Durante su ausencia, le ayudé en las correcciones de tres tesinas que debía mandar al magíster que realiza acá, en Chile. Me cuenta que recibió la calificación de la primera tesina que envió. Un 7. No escatima en agradecimientos. Le digo que es mi héroe, él me confiesa que mi inteligencia le excita. Tenemos una tierna discusión sobre cuál de los dos es más inteligente. Él zanja el debate con un “los dos, por eso estamos juntos. De ser distinto, no sería así”. Y recuerdo la primera vez que hablamos, o no, cuando confesó su atracción hacia mí. Un rato antes a ese momento, me contó que la inteligencia de quién fuese su pareja, le hacía perder la cabeza. Que no bastaba más. El resto es historia…

Llevamos la conversación al día de su regreso. Le pido que me avise con anterioridad cuando exactamente viaja. Que el recibimiento será en grande, que depende la hora que llegue iremos a comer algo rico, que lo iré a buscar al aeropuerto. De seguro viene con exceso de equipaje.

Se despide, me dice que vuelve en un rato más. Antes, le digo si tiene El Principito, si se acuerda de la conversación del Zorro con el niñito que vive en el asteroide B 612. Me dice que sí, le digo que lo lea. Dice así:


- ¿Qué significa domesticar? Le pregunta el Principito al zorro.
- Es una cosa demasiado olvidada – dijo el zorro- Significa “crear lazos”.
- Sí – dijo el zorro-. Para mí no eres más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo…
- ¿Qué hay que hacer? –dijo el Principito.
- Hay que ser muy paciente –respondió el zorro-. Te sentarás al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás sentarte un poco más cerca…

Al día siguiente volvió el Principito…
- Hubiese sido mejor venir a la misma hora – dijo el zorro-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres. Cuánto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes a cualquier hora, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón… Los ritos son necesarios.

domingo, 29 de julio de 2007

Abrazos vendo, abrazos doy

Amma se llama la nueva santera de origen hindú que promete cambiar la vida de la gente sólo con un abrazo. Estuvo entre los días 26 y 28 de julio repartiendo la cantidad, no menor, de 12 mil amasijos a quién se le pusiera por delante, dentro del galpón de eventos que le sube el pelo a cualquier visita que pase por Chile: Espacio Riesco.

La Abrazoterapia es el nuevo método de sanación de la temporada. Y es gratis. Para todo aquel crédulo que suponga la solución de sus conflictos emocionales, sicológicos, y se me ocurre, incluso económicos. Y dicen que Amma proyecta una energía tan conmovedora, digna de la mejor congregación con el Papa o con el Dalai Lama. Es parte de su currículum, de su campaña de marketing, para que miles de ingenuos tomen el auto, el Transantiago, o el metro línea 2 estación Terminal Vespucio Norte, para hacerse parte de este nuevo ritual que nadie conoce porqué, dónde y cuándo apareció.

Ya se habrán dado cuenta que frente a estos individuos, mi actitud es de completo cinismo. ¿Porqué habría de existir un individuo, de aquellos miles de millones de pululan por la tierra, que prometa poderes y sanación a otros millones de seres aletargados, apáticos, desilusionados, pero que al menor aviso salen corriendo en busca de un abrazo que les devuelva la paz?. No creo en los superpoderosos terrenales y que se asuman como tal. Me parece vergonzoso caer en la patética ingenuidad de una santera en busca de fieles. Más vergonzoso, me parece tener que acudir a estos medios, como auxilio urgente para que nos convenza que aún somos humanos, sensibles, que no estamos solos y que no es necesario salir a buscar dosis de afectos limitados en una “machi” hindú.

¿Se han preguntado qué nos está pasando? ¿Qué les pasa al mirar esas imágenes, conmovedoras por cierto, de llantos, abrazos y epifanías efímeras y desechables? Hemos llegado a convertirnos en robots mecánicos de nuestras propias circunstancias. Seres que no piensan y que actúan por automatismo; que toman la micro, trabajan, hablan banalidades, vuelven a la casa, saludan a sus hijos, si es que hay suerte hacen el amor con una mujer insatisfecha, duermen como lirones, y al otro día, lo mismo y lo mismo. Y que no se detienen a decir si se sienten mal o no, si algo les molesta o no, si salen a pasear, si se ríen lo suficiente, si cuentan las veces que dicen “te amo” de corazón, si se atreven a besar y abrazar a su familia, si disfrutan de aquellos momentos sencillos, pequeños, diáfanos y cotidianos de los que está hecha la vida. No, nada de eso pasa. Hace rato el mundo está enfermo por falta de emocionalidad, por un deseo constante a no mostrarnos frágiles ni vulnerables. Preferimos ser prácticos, adustos y superficiales, mientras nos criamos prejuiciosos y llenos de trancas. Porque mientras la herida se tape con cremas y maquillajes, nadie podrá darse cuenta que existe. Pero a la primera instancia, nos vamos en masa a recibir un abrazo charlatán de una curandera, creyendo que todo habrá pasado. Por lo menos, hasta la visita de un próximo falso mesías.

jueves, 26 de julio de 2007

El esperado final... en español

Un gran trabajo. Una gran lección para la editorial Salamandra.
En www.spanishhallows.blogspot.com podrán descargar en español, 8 meses antes de su edición al mercado hispanohablante, el séptimo y último libro de nuestro admirado Harry Potter.
Mirando el original, y la actual versión, puedo decirles que se trata de una muy buena traducción.
Esto merece aplausos de pie. Bien por los creadores/traductores!

viernes, 20 de julio de 2007

Mi encantador caos

Están pasando cosas. Mi mundo se mueve a mil por horas. Cuando pensaba que estos dos meses sin la persona que me arranca suspiros, ese que conoce mis secretos y mis sueños, arregla sus últimos compromisos en el país de la bota para regresar a los brazos de este chileno atribulado de proyectos, de nuevos amigos, y lo más importante: de una nueva actitud.

Estoy cerrando ciclos. Hoy renuncié a mi curso de narrativa, ese que frecuenté lunes a lunes durante un año y medio. Porque ya era suficiente. Fue difícil, una decisión asumida con nostalgia. Pero ya está. Debemos tomar opciones, decisiones. De eso está hecha la existencia humana, decía Sartre. Y vaya razón que tenía.

Pero comienzan otros. Una veintena de personajes que conocí en marzo y que prometo conocer mucho más. Por lo menos esa es la voluntad de ellos y mía. Y son grandiosos, simpáticos, interesantes y de risa fácil. Martes, jueves, y cuando tenemos seminarios con los catalanes, se agregan los viernes y sábados. Y como pronosticó uno de ellos, un italiano para más, lograremos ser una gran “familia”.

Ese postgrado que me deja desfinanciado, pero que día a día se vuelve más irresistible. Con decirles que la próxima semana, y sólo para nosotros, dará una clase magistral el director de la editorial española, esa de los libros amarillos, caros, que publica a Auster, Baricco, McEwan, Amis, Ishiguro, Ford, y hasta a Bolaño y a Zambra. Un lujo. A propósito de este magíster, estoy dejando de lado esa cesantía que ya pesaba, molestaba y se extendía como un cáncer para mis finanzas personales. Porque en unas semanas cumpliré mi sueño, ese que tenía siendo un bebé del periodismo, la figura ideal que mostraba Guido Vecchiola en la teleserie Fuera de Control como el crítico de cine Santiago Goic. Sí, comentaré películas para el más importante suplemento de espectáculos que circula en el país, dentro del llamado “decano del prensa escrita”. No puedo pedir más. Es el “sueño del pibe”.

Disculpen si he escrito poco, me prometí a mi mismo que estos relatos personales abundarían en este blog en cuánto a su periodicidad. Pero las últimas semanas han sucedido todas estas cosas. Reuniones sociales, salidas, bienvenidas a mi mejor amigo proveniente de los nevados Buenos Aires, a eso súmenle clases, trabajos, y pegas que me apasionan y que aparecieron en el circunstancial buen ánimo y arrojada personalidad de quién escribe.

Si en la superficie pasan cosas, imagínense como tengo todo en la cabeza. Han sucedido episodios, he descubierto a personajes, y por sobretodo, he madurado algunas ideas y emociones que aparentemente me tenían a full, y las he decantado. Con todo lo que les he contado hasta el momento en este blog, ustedes saben lo que me pasa emocionalmente con aquel personaje que cruzó el Atlántico hace poco menos de dos meses. Sé también que esta distancia es la prueba de fuego para lo que sucederá a su regreso. Está claro que he bajado la adrenalina al respecto. Me he llenado de dudas respecto al futuro. Prefiero concentrarme en estos logros profesionales que recién comienzan a asomar. Lo demás se verá en el camino. A veces pensar tanto hace mal. Lo mejor de todo es que solo no me he sentido. Esta semana hemos conversado virtualmente bastante seguido. Sigo expectante a su regreso.

miércoles, 4 de julio de 2007

El Síndrome Ursula

Ya se está haciendo costumbre que Pablo Illanes, creé historias y personajes de culto para las teleseries que escribe. Quiero enmarcar esto a las teleseries, porque la Bárbara Montoya de su primera novela “Una Mujer Brutal”, también resulta ser un personaje único. Cómo olvidar a la Kathy Winter, a la Alexis Opazo o al Dj Billy de “Adrenalina”. Resulta difícil borrarnos a la Sarita Mellafe o al Alex Schumacher de “Fuera de Control”. El clan Mercader en “Machos” es otro ejemplo notable, obviamente unos más recordables que otros. Ahora con la serie de culto (digo serie, porque eso parece y no una teleserie) “Alguien te Mira”, pareciera que todas sus piezas de ajedrez nos quedarán para siempre en la memoria. En especial, nuestro temido doctor Julián García. Eso es lo que hace un buen guionista, aparte de crear una buena historia.

Pero existió un personaje en “Machos”, que pese a quedar en los límites de lo olvidable resultó personificar tan bien un prototipo de figura femenina que, ahora más que nunca, pareciera abundar en nuestra fauna a la que llamamos sociedad. Ella es Úrsula. Arantzazú Yankovic encarnó a la mencionada. Era la (en un inicio) inocente, luego insistente, y por último patética pretendiente de Ariel Mercader (ese gay asexuado, pero necesario, que encarnó el tronco de Felipe Braun). Y claro, si apareció en la teleserie, es porque Ursulas abundan, y de un ejemplo de ellas se trata esta columna.

Mi Úrsula fue una compañera temporal de labores que tuve el año pasado. Por motivos laborales, conformamos una dupla, íbamos a todos lados juntos y nos comunicábamos continuamente mientras duró el trabajo en cuestión. Desde el primer día, e instigado por mi gran amiga, que para esta ocasión llamaré Floribella (ella sabe porqué) y con la cual postulamos juntos más no hicimos dupla para este trabajo, le conté la verdad sobre mi condición sexual.

Fue un momento distendido, en donde ayudó la presencia de otro chico (que resultó ser la dupla de mi amiga Floribella), al cual “la pluma” se le notaba a kilómetros, con lo cual yo quedaba a su lado con una indudable pinta de macho recio. Hasta ahí, todo bien. Comenzamos la pega, y mi increíble y no comprendido encanto, deleitó a Ursula. Tanto que, por primera vez en la vida, comencé a sentirme acosado. Medio en serio, medio en broma decía que parecíamos “marido y mujer”, escribió un post en su blog sobre mi, con unos adjetivos y pensamientos bastante subidos de tono, pero que me resultaron incómodos por lo obvio de las descripciones. Más de alguna vez propagó la idea de que creía que la homosexualidad era algo “que se pasaba”. Cosas por el estilo.

Yo continué siendo simpático, le seguí el juego, nunca jamás cambié con ella y, debo confesarlo, hice caso omiso a todos esos llamados de atención que, de cuando en cuando, me hacía. Terminó el trabajo, y el distanciamiento fue natural. La invité a mi cumpleaños, y para peor, fue con su mejor amigo gay. Como estaban tan achunchados y no conocían a nadie, yo –el rey de la noche- los invité a bailar. Y en esa ambigua danza, en la que terminé bailando (y un poco coqueteando) con él, mi Ursula de nuevo volvió a quedar relegada. Me dio pena, pero como me dijo mi amiga Floribella, eso le serviría para convencerse de que conmigo “no había vuelta”.

Meses pasaron y no supe de ella. Hace un par de meses me llama al celular y me invita al cumpleaños de una amiga: “Quiero que me acompañes, y el cumpleaños es la excusa porque lo que quiero es verte” (sic). Luego, su cumpleaños. Insistió e insistió, pero tampoco accedí. No tengo ni conozco a sus amigos, en un arranque de compasión llamé a mi amiga Floribella para saber si la había invitado y si ella iría, para no sentirme tan solo, pero tampoco tenía ganas. Después supe, por su propia boca, que había hecho una fiesta de concepto, y ese fue el rosado, toda su casa era como de Hello Kitty o de Barbie Cascanueces, y a ella le parecía una monada. Yo, frente a ella, la felicitaba y encontraba que había sido una idea coolísima, pero en realidad no pensaba lo mismo.

Hoy la vi de nuevo. Volvió a recordar el tiempo “en el que parecíamos matrimonio”, volví a sentir su mirada llena de ilusión y algo nerviosa apenas me vio cuando llegó, y casi pude sentir tragando saliva cuando le conté que estaba de novio, que pasaba dos meses de viudez, pero que estaba feliz y muy tranquilo.

Ella me contó que había vivido una aventura clandestina con un chico de la universidad, de menos edad que ella. Que era algo que le había servido, pese a lo desechable que fue, porque necesitaba sacarse de la cabeza a su ex novio (de quién, en su momento, me contó que llegó a dudar de su masculinidad), y quizás para sacarse de la cabeza a cuántos más quise agregar yo, pero me callé con una amable sonrisa en los labios.

Ahora me pregunta por messenger que como llegué a mi casa. Muy atenta. Y me resultan tristes estos casos, porque en el caso específico de ella, parece que es karmático (las sospechas con su ex novio, después yo). Claro, y como ella hay miles pululando. Y aunque hace bien para el ego…¿Han conocido a ejemplares similares?