

Como ya lo he comentado con varios, Hard Candy suena más a “melt” (fundido, derretido…entiéndase como “pegajoso”) que a hard. “4 minutes”, ese notable dúo con el igualmente notable Justin Timberlake es solo el comienzo. Porque el verdadero disco bailable y pop está acá y no en “Confessions…”. Acompañada de Pharell, Kanye West, Timbaland y el propio Justin, Madonna se aleja de la electrónica elaborada, de la religión que predicaba en “Ray of Light” y se lanza un trabajo con la simpleza de la Madonna de los ochenta, pero con la modernidad de los tiempos que corren. “Candy Shop”, el primer corte presenta parecidos al pop negro de Janet Jackson. “Give it 2 me” es un corte imparable, quizás uno de los mejores tracks del disco. La fiesta está desatada. “Heartbeat”, “Beat Goes on” y “Dance 2night” son dignos ejemplos de la factoría "timba-lake" (Timbaland-Timberlake) pero siempre con el fraseo sencillo y toque dance. “She’s not me” e “Incredible” son tracks que sorprenden por su experimentación. Si se escuchan con detención (y tampoco vale tanta) notarán que en ellos hay dos y hasta tres canciones distintas en una sola composición. Es un riesgo, que viene bien, al que nos acostumbramos y terminamos aplaudiendo. “Miles Away” es menos dance, pero es la prueba fehaciente de que en este disco Madonna vuelve a la sencillez de los singles del comienzo de su carrera. Por esto, no suena antojadizo decir que “Miles Away” solo a la primera oída se convierte en un clásico instantáneo. Por último, y nunca exenta de influencias, “Devil wouldn’t recognize you” es un track que suena tan a “What goes around…comes around” de Justin, que parece difícil no imaginar la importancia que tuvo el músico en la arquitectura de Hard Candy.
La reina ha vuelto. Ya es un hecho, y lo demuestra con este disco. El mejor en mucho tiempo. Más limpio, más urbano, más simple y directo en lo que quiere lograr. Un disco para tener y atesorar como el ejemplo del mejor pop. Ese que se baila y no cansa. El caramelo más pegajoso que puede llegar a tus manos.
